13 de enero de 2015

Uso no niisan~

 ~Uso no oniisan ~

                          Third part(?)
Suavemente, con lentitud y firmeza no obstante, aquel párpado realizó su primer movimiento del día, destensándose con levedad para descubrir su  oscuro orbe, que recibió la luz de la mañana con pereza, consiguiendo que al menos 20 músculos más de su rostro acompañaran al ya despierto ojo derecho del joven. Arrugó su frente a la par que sus cejas se encorvaban y, tras haber comenzado un inevitable bostezo, aquel primer ojo fue acompañado por su gemelo izquierdo, haciéndolos abrirse y cerrarse un par de veces más hasta haberse acostumbrado a la luz. ¿En qué momento se había quedado dormido? ¿Cómo había llegado hasta su cama? Un punzante y agudo dolor atravesó su cabeza como una gran aguja clavada repentina y directamente sobre su cerebro, de modo que su mano se movió de forma instantánea hasta dar con la parte en que sentía la molestia para sujetarla, como si de aquel modo consiguiese amainar un poco la dolencia, aunque poco tardó en darse cuenta de que no servía de mucho. Trató pues de enfocar con  la mirada entornada las cosas de su alrededor, reconociendo de forma inmediata todas sus pertenencias; su escritorio, sus estanterías, su mochila al fondo, sobre la silla... Todo implacablemente acomodado y situado de forma perfecta donde él lo había dejado, sin un mínimo ápice de desorden. Definitivamente era su habitación. De todos modos, ¿en qué otro sitio iba a estar si no? Era evidente que tenía que despertar en su habitación, lo único que no alcanzaba a comprender es por qué se sentía tan desorientado, por qué no terminaba de saber cuándo se había ido a dormir la noche anterior ni cómo había siquiera llegado hasta su cuarto, pero tampoco tenía demasiadas fuerzas como para ponerse a pensarlo. Sentía todo su cuerpo pesado, brazos y piernas especialmente adormecidos y una fuerte sensación de pesadez sobre su cabeza, como si le costase mantenerla en su sitio. Y ni hablar del estado de su mente en aquel momento, incapaz de analizar con claridad siquiera los dos pasos al frente que debía dar para empezar su camino hacia la cocina. Se sentía de lo más extraño con todo aquello, de modo que no pudo evitar dejar escapar un resoplido de molestia por sus labios. Entre arrastrándose y caminando, de aquella forma tan indescriptible en la que se movía, terminó de bajar escalón tras escalón hasta haberse situado en el camino que, en recto, llevaba hasta la cocina. Debía desayunar, comer cualquier cosa, o al menos tomar un vaso de agua, no era algo difícil de suponer, puesto que sentía el cuerpo débil y sin fuerzas, así que sin pensarlo demasiado abrió la nevera una vez hubo llegado frente a ella y extrajo lo primero que su mano alcanzó una vez fue introducida en la misma, fijándose en lo que resultó ser un zumo de manzana una vez se hubo dejando caer sobre la silla. Suspiró. 

-¿Pero qué me pasa?.... Ntch. -Chasqueó la lengua, de mal humor. Quería salir de aquel estado cuanto antes, era enervante y estaba hartándose por segundos. Abrió su zumo, sin demasiados ánimos por beberlo, y lo miró por unos instantes, con cierto extraño remordimiento interno. Algo no iba bien, ese zumo le estaba sonado a algo, pero no conseguía recordar a qué, por lo que perdió como 5 o 10 minutos de su tiempo observando, con el ceño fruncido, aquel brick blanquecino que sin saber exactamente por qué le hacía tener un mal presentimiento hasta que el estruendoso timbre sonó al fondo de la estancia, sacándolo del limbo personal en que se había visto sumido sin darse cuenta. Agitó la cabeza, aquel debía ser Ryutaro, y ni siquiera se había vestido decentemente todavía, así que sin darle más vueltas terminó por abrir aquella bebida y comenzar a tomarla mientras le abría la puerta al menor, que, encontrándose con la espalda de su amigo directamente y sin saludo alguno de bienvenida, negó despacio con la cabeza riéndose para sí mismo, consciente de que aquel era uno de esos días en que se había levantado con el pie equivocado. 

-Buenos días señor "hoy estoy de mal humor", ¿es que no piensas vestirte? - cuestionó con cierto retintín, apoyando el brazo sobre el cuello de su amigo una vez hubo estado en el interior de la casa.- A la primera clase no llegamos, pero si te vistes puede que a las demás sí. 

-No creo que vaya a ninguna parte hoy. -dejó caer con sequedad mientras volvía directamente y sin miramientos a la cocina, a pesar de estar dejando atrás conscientemente a su amigo que no tenía culpa de nada. Pero tampoco era como si pudiera evitarlo. El simple hecho de encontrarse tan desorientado, de no saber la razón de su malestar y, sobre todo, el no acordarse de nada de lo ocurrido la noche anterior le hacía sentir molesto y malhumorado sobremanera. Odiaba perder el control sobre las cosas, en especial sobre sí mismo.

-¿Tan mal te sentó? -Ryutaro, que ahora se encontraba sentado sobre el que había sido hasta un par de minutos antes el asiento del mayor de ambos, observaba con cierta sorpresa a su amigo. Podía entender que se hubiera tomado a mal aquella noticia, y más si tenía en cuenta en "cómo" se había enterado de ella, pero a decir verdad, ver a su amigo en un estado como aquel no era algo que se le hubiera podido pasar por la cabeza en un primer momento. Nunca habría pensado que todo aquel tema pudiera ser para tanto. Chinen, que por su parte había decidido en algún momento dejar de dar la espalda al menor, se encontraba cara a él apoyando las palmas de sus manos y la cadera sobre la bancada que había tras de sí, sobre la cual había dejado su zumo a medio beber, preguntándose de qué demonios debía de estar hablando su amigo mientras fruncía el ceño y su muñeca izquierda se alzaba lo suficiente como para frotarse los ojos. 

-¿De qué hablas? Ni siquiera recuerdo haber discutido contigo. -Gruñó Chinen entre dientes, resoplando tras ello dispuesto a llevarse nuevamente el zumo a la boca para continuar con su desayuno, muy a pesar de sentir náuseas con el sólo hecho de pensar en tomarlo. Sabía que la mejor manera de sobrellevar aquello era comer y descansar, y quizá con algún que otro suplemento vitamínico. Y desde luego tenía que pensar dónde encontrar uno, porque su  mente se estaba saturando a una velocidad indescriptible según sus pensamientos iban aumentando "por culpa" del visitante que hacía unos minutos que había llegado.- Ryutaro yo hoy no voy a ir a clase, si quieres quedarte bien, pero yo voy a...

-¿Discutir conmigo? -lo interrumpió el menor sin cuidado alguno, lo cual no hizo ninguna gracia al contrario, que le lanzó una mirada, más aturdida que enfadada para ser honestos, y que fue seguida de un resoplido largo, tras el cual tenía pensado volver a rechistar. - ¿Es que no te acuerdas?

-¡¿Acordarme de qué?! -se desquició definitivamente el mayor de ambos, incorporándose sobre el sitio hasta estar de pie recto, dispuesto a ir directo al sofá para poder tirarse en él. Nunca en la vida se había sentido tan irritado como en aquel momento, incluso a pesar de que se tratase de su amigo, e incluso a pesar de saber que no estaba haciendo nada malo. Sentía unas ganas sobrehumanas de echarlo de casa a patadas y echarse a dormir de nuevo para aliviar el agudo dolor de cabeza que estaba comenzando a sentir en su cabeza, y le sobraban sin embargo las de escuchar cualquiera de las estupideces que tenía que decir el que ahora se había convertido en el invasor de su espacio. Ya tendría tiempo más tarde para prestarle atención. -Mira Ryu, no estoy en mi mejor momento. Será mejor que te vayas, ¿ok? Te llamaré esta tarde. Ahora voy a echarme un rato... Necesito dormir. 

El joven, desconcertado, observó cada uno de los pasos del contrario en su corto trayecto desde la cocina al sofá, pudiendo ver cómo se tambaleaba con levedad hacia los lados y cómo sus piernas y brazos le respondían con lentitud. Frunció el ceño con suavidad, reconociendo al instante todo aquellos síntomas, incluido el mal humor que estaba haciendo exasperar al mayor- Miró a su alrededor por un instante como si buscase alguna pista que le ayudase a entender qué narices estaba ocurriendo. Y "bingo", se dijo para sí mismo, levantándose y dirigiéndose a uno de los rincones de la cocina en que reposaba una botella de licor de almendras aromatizado casi en las últimas, que parecía haber sido abierta recientemente.- ... ¿Has estado bebiendo? -cuestionó ahora con mucha más seriedad en su tono de voz, sin moverse del lugar en que se había quedado plantado y con la mirada fijamente puesta en el mayor, seguro de ello a pesar de haberlo planteado como pregunta.

-¿Qué? -atinó a responder el cuestionado, dejándose caer con desgana en el sillón mientras acomodaba las almohadas a su alrededor para mayor confort.- No... No lo sé, puede. No recuerdo qué pasó anoche exactamente. Pero no recuerdo haber bebido...

Ryutaro se limitó a dar unos cuentos pasos sosteniendo la botella en una de sus manos hasta estar frente a su amigo, dejándola entonces sobre la mesita que quedaba delante del sofá mientras hablaba. - Pues creo que deberías ir haciendo memoria. -respondió con firmeza antes de colocar sus manos dentro de sus bolsillos, mirando a su amigo que o bien estaba intentando dormirse o bien o medio ignoraba lo que le estaba diciendo. De lo que estaba seguro era de que estaba evitando mirarle cerrando los ojos. -Sabía que no te gustaría la idea -comentó colocándose nuevamente la chaqueta según se dirigía a la puerta de la entrada de la casa, la cual abrió una vez estuvo frente a ella para hacerse paso hacia el exterior unos segundos más tarde.- Pero no me imaginaba que te tomarías tan a pecho que tu hermano tenga novio. -puntualizó dejando de una vez por todas el lugar. 

-¡Que no es mi... ¿Qué? -sus ojos se abrieron de forma repentina y aunque su primer impulso fue el de levantarse y girarse en busca de la persona de la cual acababa de obtener la información su cuerpo había tomado la decisión de no responderla por su propia cuenta y de todos modos sabía que ya se había marchado y no podría alcanzarle, de modo que se quedó en aquel mismo lugar, sólo que sentado frente a la mesita en que ahora reposaba la botella de alcohol. La observó lleno de confusión y reconociéndola poco a poco mientras pequeños flashes de lo que la noche anterior había acontecido iban viniendo a la cabeza por momentos. Ahora sí recordaba haber estado bebiendo. Recordaba haber apartado unas cuentas lágrimas llenas de furia de su rostro mientas inclinaba la botella cada vez con más frecuencia hacia su boca. Pasó la palma de la mano por su garganta, acariciándosela, al recordar el fuerte ardor que sentía cada vez que aquel líquido dulce, amargo e intenso a la vez pasaba a través de ella y cómo las cosas se le nublaban en la mente, pero no podía recordar muy bien las situaciones, los movimientos, las palabras o los sucesos en sí que habían ocurrido. Fue entonces cuando sus ojos se abrieron de par en par y sus brazos de desplomaron sin fuerza alguna a sus lados.- Beso... -murmuró en forma casi de tartamudeo, mientras un fuerte e intenso dolor se iba acumulando en su pecho. El malestar ahora se había incrementado hasta doblar su intensidad, pero de forma ligeramente distinta y los pinchazos que había estado sintiendo en su cabeza, se habían movido en descenso hasta clavarse sin piedad en su corazón. Podía sentirlo palpitar dolorosamente en cada mínimo rincón de su cuerpo. Apretó los dientes, con la cabeza cada vez más baja hasta estar lo suficientemente inclinada como para que su flequillo tapase sus ojos, y su puño se clavo de forma repentina en el sillón. - Le besó... Ese estúpido... -su voz fue bajando hasta haber desaparecido en el silencio. Acababa de entender por qué se había pasado toda la noche bebiendo y desperdiciando aquella "primera vez" en algo como aquello. Acababa de recordar que aquella noche... Había sido rechazado sin siquiera haber tenido ocasión alguna de aclarar correctamente sus sentimientos. Era tan jodidamente injusto que no podía soportarlo... No, definitivamente no podía.  Sin pensarlo dos veces se levantó del lugar, se dirigió directamente al baño y lavó su rostro con abundante agua, hasta estar bien despierto. Tras ello se limitó a coger un par de prendas que usaba de forma común, sin pensar en lo más mínimo en si eran adecuadas o no para el lugar al que se iba a dirigir, se las colocó con desgana e incoherentes prisas, se encargó de no olvidar la chaqueta y las llaves y salió de casa sin poder sacar de su mente la fijación que ahora tenía clavada. No pensaba dejar las cosas tal y como estaban sin más. Si Yuto pensaba que podía simplemente dejarlo tirado de aquel modo estaba completamente equivocado. Algo como tener un novio sin siquiera haber dado indicios de ello, después de todo lo que se había esforzado porque se abriera a él, después de compartir todo lo que compartían, y a pesar de saber que sólo lo tenía a él, ¿con qué derecho le había ocultado algo como aquello?
No... ¿Con qué derecho había elegido a alguien que no era él para tener tales sentimientos? Bien. Pues si pensaba que las cosas quedarían así desde luego estaba equivocado, o eso se repetía con furia una y otra vez el menor en su cabeza mientras se dirigía a la universidad, sin estar dispuesto en lo más mínimo a renunciar o rendirse.
A penas 20 minutos después ya estaba cruzando las puertas de entrada del hall que conducían al interior del edificio principal, y que tenía que seguir en recto si quería llegar a la clase en la que en aquellos momentos debería estar, pero ni siquiera se detuvo para echar una mirada, pasó de largo sin más, puesto que aquello que buscaba estaba más allá de aquella absurda e insignificante clase. 

Ryutaro, sin embargo, que no había podido dejar pasar la  situación que había presenciado aquella mañana, seguía metido en sus pensamientos, ignorando al resto de compañeros que trasteaban o se reían en el descanso que les habían para que pudiesen almorzar. Mientras su mirada se había clavado en algún punto del patio exterior, sobre el cual la reflexión se le hacía curiosamente ligera por alguna razón, se mantenía sentado en su pupitre; el que estaba justo delante del de Chinen, con el codo apoyado sobre la mesa y la mano cubriéndole la boca. De veras le había sorprendido la reacción que había tenido su amigo frente a lo que había ocurrido. Podía recordar perfectamente la expresión que había puesto cuando se encontraron a Yuto y al que debía de ser, sin duda alguna, su novio, en una situación como aquella. Y es que,  ¿quién no se habría quedado en shock? Descubrir que tu hermano está con alguien, que además ese "alguien"  es ni más ni menos otro hombre, y hacerlo a través de verlos en pleno beso tenía que ser, cuanto menos, chocante, desde luego, pero... Lo que había visto esa mañana era distinto, aunque no atina a explicar de qué forma. Cuando dejó al mayor la tarde anterior, parecía sorprendido, en cierto modo ensimismado, y confuso, pero no había querido hacer demasiado hincapié en ello, pensó que sería mejor dejar que pensara la cosas con calma y espacio, por lo que accedió sin problemas a la petición de su amigo de separare en aquel momento, percibiendo algo más de aquel extraño estado en que se había quedado en su "nos vemos mañana". Pero el que una persona como Chinen, que se mostraba fría ante todo, que tenía un enorme muro alrededor de su corazón y que no dejaba que nadie penetrase en sus pensamientos, pudiera mostrarse tan perturbada lo había desconcertado. Hasta el momento creía haber estado entendiendo sus sentimientos, al menos de una forma superficial, pero si algo había descubierto aquella mañana era que no conocía a su amigo en absoluto, que no sabía nada de él y mucho menos sabía nada de lo que sentía. Suspiró. Aquella idea resultaba más dolorosa de lo que habría pensado. 
Miró su reloj por un momento. Ya estaban en la tercera hora, evidentemente, después de haber perdido las dos primeras, era lo que tocaba, pero la mañana se le estaba haciendo eterna. Pasaban por su cabeza mil cosas mejores que hacer en aquellos momentos que estar en clase. Como por ejemplo, acechar un poco a su resacoso compañero de clase, al cual, por cierto, echaba infinitamente de menos cuando faltaba. Miró a su alrededor. A veces pensaba que Chinen tenía toda la razón, que aquello no era más que una clase de paletos que malgastaban su tiempo sin poner esfuerzo en nada que no fuera llamar la atención de los demás, en lugar de centrarse en sus motivaciones o metas. Aunque bien pensado, él tampoco se diferenciaba mucho de ellos en aquel punto. Ni siquiera tenía una meta. Quizá, pensó, aquella podía ser la razón por la cual su amigo no se había abierto a él nunca. Quizá, al final, sólo era un paleto más. Ahora que se había parado a reflexionarlo, ¿cuándo le había contado nada Chinen? ¿Por qué vivía con su "no-hermano"? ¿Dónde estaban sus padres? Todas esas respuestas... Nunca habían llegado a él por parte de su amigo. Siempre había ido tras él como si fuese una mascota, averiguando, quedándose a su lado, escuchando repentinas conversaciones casuales reveladoras... Como si aquella relación lineal fuese recíproca. Como su fuese necesario para alguien como Chinen, cuando en realidad simple y llanamente le había permitido estar allí porque no era una molestia. Y ahora, después de todo, se preguntaba si realmente se acababa de dar cuenta de ello, no muy seguro de la respuesta. Respiró hondo, cerrando los ojos durante unos pocos segundos, suficientes, sin embargo, para darle el tiempo necesario al protagonista de sus pensamientos para llegar hasta la puerta de la clase en que se encontraba Ryutaro, pasando por ella fugazmente en el mismo instante en que éste los abrió, en dirección al lugar en que estaba seguro de que encontraría a su "hermano". Ryutaro tardó, no obstante, unos pocos segundos más en reaccionar, pero una vez hubo analizado momentáneamente la imagen de su amigo acabando de pasar por la puerta se levantó casi de un salto de su sitio para salir apresuradamente tras él.

-¿Chinen? -el mencionado giró la cabeza ante la llamada de una voz conocida, pero apenas dirigió la mirada hacia su proveedor durante unos segundos.

-Ahora no Ryutaro. -respondió con prisas, caminando de forma rápida y decidida hacia su destino, sin prestar demasiada atención a su amigo, que ahora se había colocado a su altura, tratando de seguirle el ritmo como podía.

-Espera, ¿qué haces aquí? No deberías de haber venido, no hoy. -el menor trató de hacer que parase a escucharle al menos un momento cogiendo su muñeca y tirando de él con suavidad, pero cualquier intento de detención fue inútil. No consiguió la más mínima atención por parte de su amigo, que parecía completamente decidido y, por alguna razón, enfadado.

-Ryutaro, ahora no. -reiteró con los nervios de punta, a punto de perder la paciencia. De hecho, si aún no lo había hecho era porque sabía que no se había comportado adecuadamente con el menor un rato atrás y no quería decir o hacer nada de lo que pudiera arrepentirse con alguien ajeno totalmente al problema y que poco tenía que ver con su actual estado de ánimo.

-No lo entiendes... Escúchame, hace un rato ha venido a buscarte el senpai del otro día. Estaba disgustado por algo, creo que deberías volver a casa estando en esta condición. Los profesores... - Consiguió entonces que el mayor se girase hacia él, dispuesto a quejarse y probablemente soltarle algún que otro grito para que le dejase de una vez en paz, pero algo lo hizo detenerse repentinamente y quedarse en silencio, manteniendo un aspecto de seriedad que no esperaba para nada encontrar. Frunció el ceño, sin comprender exactamente a qué venía esa repentina reacción, hasta darse cuenta de que en realidad estaba mirando más allá de él, a sus espaldas, por lo que volteó con rapidez, encontrando a un muy poco contento profesor que lo observaba con frialdad y descaro. "Oh no..." Tan sólo pudo pensar en eso. Sabía que aquello no tendría un bonito final, y sus nervios sólo iban aumentando según veía a aquel profesor alejarse con su amigo hacía el despacho del director. No sabía exactamente lo que había pasado, ni por qué, de modo no que no podía imaginar ni tan siquiera qué tipo de represalias iban a caer sobre el mayor, o si sólo se trataba de una pequeña riña, pero muy a su pesar, lo dudaba bastante. Lo único que sabía era que desde que había llegado aquella mañana, tras la extraña visita del senpai que lo buscaba, al menos tres profesores habían preguntado por él en la clase, por lo que en cierto modo se había estado sintiendo aliviado de que no hubiera asistido a clase, con la esperanza de que los ánimos se calmasen o de poder conseguir algo más de información con la que prevenir a su amigo antes de que llegase al día siguiente. Pero una vez más, nada sucedió como lo había esperado, y una vez más, se veía inútilmente atado de pies y manos, sin opción de hacer nada por su amigo más que seguirlo hasta donde le estaba permitido y esperar en silencio, preocupado. 

Ni siquiera había respondido verbalmente a la petición del profesor de acompañarle cuando lo encontró en el pasillo, ni tampoco se había girado a despedirse o hacerle un gesto a Ryutaro como aviso, ahora que lo pensaba. Se había limitado a seguirlo hasta el despacho del director como le había dicho, en silencio, sin la más mínima intención de darle importancia alguna a lo que pudiese ocurrir allí dentro. Tan sólo podía pensar en acabar rápido y salir de allí para encontrar a su "hermano". 
Antes de darse cuenta ya se encontraba frente a la puerta de su despacho, ante la cual resopló con desgana y espero hasta ser invitado. 

-¿Me ha llamado señor director? -preguntó terminando por alzar la vista de una vez del suelo para poder enfocarla en el hombre que lo estaba esperando, pero su cara se tornó rápidamente en un casi de espanto. Palideció, sintiendo que hasta la última gota de calor de su cuerpo se esfumaba y todo el peso caía repentinamente en sus pies.- ¿Qué haces tú aquí?... -preguntó, esta vez, dirigiéndose hacia el mayor de ambos, que tan sólo lo miró por unos instantes antes de volver la mirada nuevamente hacia el director.

-Entonces, será lo acordado, ¿verdad? -trató de asegurarse, a la espera de la afirmación de aquel hombre mayor, que asintió con la cabeza para luego mirar al menor de todos los que se encontraban en la sala, tomándose su gesto de sorpresa como miedo al castigo, y tal vez, arrepentimiento. Quizás eso podría ser un punto a su favor, unido a todo lo que había estado hablando con la persona responsable del mismo un rato antes.

-Siéntese, por favor. -comandó a Chinen, que tras unos segundos de parálisis momentánea, arrastró sus pies hasta la silla contigua a la de Yuto, todavía sin poder entender qué hacía exactamente allí. -Bien, he estado hablando largo y tendido con tu hermano sobre un rumor que nos llegó recientemente y que varios profesores se han encargado de verificar. Algunos alumnos afirman haber sido embaucados en un fraude colectivo del cual tú eres protagonista. Según la información que ha llegado a mis oídos, aceptabas realizar trabajos, ensayos y falsificaciones a cambio de grandes cantidades de dinero desproporcionadas. -Chinen tan sólo se mantuvo en silencio, con la mirada fija en sus zapatos. No sabía en qué debía estar pensando el mayor en aquel momento. No sabía si estaría decepcionado, defraudado, enfadado o considerándolo un niño caprichoso y desagradecido que había estado ganando dinero a escondidas a pesar de estar siendo mantenido. Sentía su garganta arder de nuevo y sus ojos hincarse a cada segundo. No iba a llorar, no iba a hacerlo, pero la sensación que en ese instante le estaba invadiendo era indescriptiblemente angustiante. El director lo observó en silencio durante unos cuantos segundos.- ¿No piensa decir nada al respecto?

-Señor director -irrumpió entonces el alto, mirando al menor de ambos y posando su mano sobre su cuello, delicadamente, sin obligarlo a bajarlo, tan sólo posándola como petición a la cual accedió sin palabras de por medio.- Chinen y yo nos disculpamos en este momento. No se repetirá. Por favor tenga en cuenta nuestra precedente conversación y perdone este inconveniente. -También él hizo descender su cabeza en forma de reverencia.

-Lo... Siento mucho -murmuró el acusado, lo que consiguió hacer a Yuto suspirar interiormente, aliviado. Alzó entonces la cabeza y asintió ante el gesto contrario del adulto.

-Sólo esta vez, y dado que soy dos excelentes alumnos que muestran gran interés por el estudio y el trabajo duro. ¿Entendido? 

Ambos chicos asintieron con la cabeza, levantándose y despidiéndose apropiadamente tras ello. El ambiente que quedó entre ellos, incluso tras haber abandonado aquella sala llena de tensión, seguía estando enrarecido y perturbador. Ninguno de ambos parecía estar por la labor de dar el paso para hablar del tema, o siquiera de empezar alguno otro, pero Chinen, que no podía contenerlo más en su interior, decidió de una vez por todas hacer el intento.

-Yuto yo... Puedo explicártelo -comenzó, pero su voz se quedó atascada en su garganta de pronto cuando sintió la mano del más alto posarse sobre su cabeza. El filo de su sonrisa hizo estremecer al más bajo. La calma y la tranquilidad con que había realizado aquel gesto resultaba incluso aterrador.

-Está bien. No es como si no hubiera estado enterado de ello. Estudio aquí, los rumores corren y tu fama te precede. -le concedió suavemente, casi se podría decir que con amabilidad. Realmente podía resultar aterrador... -No has tenido problemas con tus propios estudios, y yo no puedo darte gran cosa más allá de una casa donde vivir y todo aquello que es estrictamente necesario. Que busques la manera de conseguir lo que necesites por tu cuenta no es algo por lo que deba estar enfadado. -reafirmó con indulgencia, palmeando de forma suave la cabeza del menor antes de dejar resbalar su mano por esta, continuando paso a paso por su camino de forma lenta, de modo que pudiera ser alcanzado.- Sólo ten más cuidado la próxima vez. Tengo que cuidar de ti, ya que soy tu hermano. 

Jamás algo se había clavado tanto en la mente de Chinen como aquella última frase que había escuchado. Su corazón había dejado de palpitar durante unos instantes en los que sintió que podría haber muerto. "Ya que soy tu hermano" se repitió en su cabeza, cayendo en la cuenta en ese momento de que Yuto nunca sería consciente de lo hiriente que había podido llegar a ser aquel amable gesto. Pero no podía hacer nada al respecto. Nada en absoluto. No podía sonreír y tan sólo agradecerlo ni podía enfadarse, quejarse o estar triste al respecto. No tenía derecho. Yuto ya tenía a alguien, y lo sabía, él tan sólo era su pequeña carga, su "no-hermano". Siempre lo había sabido, sí. Pero jamás imaginó que escucharlo de su propia boca podría llegar a ser tan doloroso.

Apenas dejaron el pasillo en que se encontraban los despachos de los profesores pudo ver a Ryutaro apoyado en la pared, distraído, esperándole, por lo que paró en seco y miró a Yuto.

-Me quedó aquí. -informó, a lo que el mayor respondió con un asentimiento tras haberse dado cuenta de la presencia de su amigo. 

-De acuerdo, nos vemos en casa.

-Sí... -murmuró casi de forma inaudible, desviando la mirada hacia otro lado. 

Ryutaro, que se había dado cuenta de la presencia de los chicos en cuanto había escuchado sus voces al principio del pasillo hizo rumbo hacia ellos, despidiéndose del más alto en cuanto éste pasó por su lado y continuando hacia el más bajo, frente al cual se detuvo.

-¿Qué... Ha pasado? -cuestionó con inseguridad, sin saber muy bien por dónde coger el tema o cuál sería la reacción del joven cabizbajo que observaba al mayor de los tres desaparecer escaleras abajo. Tampoco él sabía muy bien la razón por la que Yuto había salido acompañando a Chinen, pero podía suponer que loo habrían llamado al ser la persona que está al cargo del mismo, e imaginaba la poca gracia que aquello tenía que haberle hecho a su amigo. Pero Chinen no respondió, mantuvo la vista fija en las vacías escaleras por las cuales ya no bajaba nadie.- ¿Estás... Bien? 

-Ryu... -interrumpió entonces el mayor su cuestionario, sin ánimo ninguno para hablar de nada de lo ocurrido momentos antes. Tan sólo avanzó un par de pasos y dejó caer la cabeza sobre el hombro del mencionado, apoyando la frente en esta, abatido, y sintiendo como su garganta, aún ardiente y dolorosamente se esforzaba por mantenerse firme y no dejarse vencer por las emociones, pero sin poder evitar, no obstante, que se le quebrase la voz al hablar.- ¿Puedo quedarme en tu casa esta noche?...

El más alto, sin poder salir de su asombro, pasó saliva por su garganta y, tras unos segundos de silencio, se deshizo de su estúpida cara de panfilo sorprendido y posó las manos sobre su espalda con cuidado, entrecerrando los ojos mientras dejaba escapar un suspiro.- Pues claro...

Continuará...


Una vez más y después de otro siglo(?) Aquí dejo la conti de este interminable oneshot que tenía que ser un oneshot y que no lo está siendo(?) xD
Bueno, sé que no se entiende del todo bien a qué viene, por qué empieza así o qué narices ha pasado y sé que da la sensación de "¿me he saltado un capítulo?" Pero no x3 Todo se entenderá mucho mejor en la próxima conti~ 
Bueno mil gracias a quien lo lea, y un saludin<3
Rovu yu~ Bye bye<3
Ushio 

19 de noviembre de 2013

Uso no onisan~

                    ~Uso no oniisan ~
                          Second part(?)


Tal y como llegó, aquel joven de pelo oscuro y tez clara se dirigió de forma directa hacia su objetivo, sentándose de forma descarada sobre este sin preguntar. De todos modocs iba a hacerlo con o sin permiso por lo que, en el fondo, era una forma rápida de ahorrar tiempo y absurdas palabras.
Por unos segundos Ryutaro se distrajo de la conversación para mirar a aquel senpai que se encontraba sobre la mesa de su compañero en aquel instante, algo sorprendido de verlo allí. Al contrario que Chinen, quien por su parte continuaba con su animada conversación con toda la parsimonia del mundo; dando mínima importancia a la presencia del recién llegado.

-¿Y mi premio? -interrumpió sin preámbulo alguno el mayor de la sala en un tono entre irónico y ambicioso. Siempre mostrando su absoluta superioridad ante aquella panda de ''niños''.

-¿Y mi dinero? - contraatacó ferozmente el mediano, de forma directa y cortante. Ahora sí había dejado la conversación que mantenía hasta apenas unos segundos atrás de lado, sin más, dirigiendo, por fin, la mirada por el rabillo del ojo a la persona que invadía parte de su espacio, para su disgusto, con su molesto trasero plantado sobre su pupitre. Los labios del mayor se alargaron en una fina sonrisa superficial, como si aquella actitud insolente le resultara graciosa viniendo de un crío como aquel. Respiró el aire de su alrededor con profundidad, dejándolo salir de forma sonora en una pequeña queja.

-Ah~  No te vas por las ramas ¿eh? - alzó entonces la parte baja de su cuerpo, estirando la pierna izquierda para poder adentrar la mano en el bolsillo correspondiente a tal lado, extrayendo de éste la cartera y, a su vez, unos cuantos billetes de ésta, que luego tendió hacia el menor de ambos.- ¿Conoces el delito de extorsión? -comentó con desgana, dejando que el chico se cobrara su trabajo. - Eres demasiado caro.

Chinen se limitó  a ignorar todo tipo de comentarios provenientes de su deudor hasta haber contado, al menos un par de veces, el dinero que tenía entre manos, asegurándose de recibir la cantidad acordada. Tras estar seguro, guardó su nueva adquisición en un lugar seguro y se levantó del asiento.- Espera aquí. - secamente dejó salir esas palabras por su garganta antes de dirigirse a algún lugar al cual sus clientes tenían prohibido seguirle para conseguir la mercancía que tanto ansiaba aquel chico que esperaba en su mesa. Volvió entonces con una gran carpeta que casi podría decirse que ocupaba más que su cuerpo. Debía pesar más que un saco de piedras, pero parecía cargar con él como quien lleva un ramo de flores cualquiera. La dejó caer sobre la mesa de Ryutaro, sin prestarle atención al menor, para luego abrirla y buscar entre aquellos miles y miles de manuscritos aquel que le era requerido.

A pesar de que había decidido mantenerse al margen de todo aquello, sus ojos no podían evitar la tentación de mirar disimuladamente hacia aquella montaña de papeles perfectamente ordenados y clasificados que tenía delante. ¿Cómo había conseguido hacerse con ellos? Era un misterio por el cual no se había atrevido a preguntar, pero poco importaba. Exámenes resueltos, ejercicios prácticos, resúmenes, trabajos... Toda una biblioteca de apuntes resueltos y por resolver por los cuales hasta el alumno más pintado de aquel instituto estaba dispuesto a venderse. Su reputación lo resguardaba después de todo. Chinen se había convertido en poco más que el guardián de los trabajos y los apuntes. La nota mínima con uno de sus trabajos era un 9,5, o al menos ese era el rumor. Pero bien sabía Ryutaro que con las notas que conseguía su amigo en cada examen no era de extrañar sus grandes resultados en aquel negocio. Vio entonces cómo de una de las fundas plastificadas extraía un manuscrito de como poco 50 hojas. Ladeó la cabeza ligeramente. Eso debió costarle, al menos, una semana entera de noches en vela. Más teniendo en cuenta lo ocupados que habían estado este último mes con sus propios estudios.

-¿Lo conoces tú? Después de todo eres el mayor. -La tajante voz de su amigo lo sacó del trance en que se había sumido por escasos segundos. Una vez más, ahí marchaba una de sus obras maestras. Directa a parar a las manos de un individuo que se limitaba a pagar para pasar de curso. A veces, por diversión, Chinen y él habían llegado a mantener conversación imaginando qué sería de la vida de todas aquellas personas que en vez de esforzarse, dejaban todo en manos de unos cuantos billetes.
El mediano del lugar se abstuvo de responder a esto último, volviendo ahora a darle la espalda a la persona que, según su parecer, ahora ya no tenía ninguna importancia y en la cual no seguiría perdiendo tiempo.

Una nueva sonrisa se dibujo en el rostro del forastero.- Volveré pronto, no me eches demasiado de menos~ - Una vez más, Chinen viró la dirección de su mirada para dirigirla a aquella persona, sonriendo de tal banal y superficial manera que consiguió hacer a Ryutaro estremecerse. Algunos de los aspectos de Chinen podían llegar a ser escalofriantes.

Una pequeña risita resonó por lo bajo, seguida de unos cuantos pasos arrastrados que fueron alejándose hasta la puerta de salida de la clase.

-Esta vez fue un senpai de tercero... -Murmuró entonces Ryutaro. - o eres un genio, o pasas demasiado tiempo entre libros.

El chico sólo se encogió de hombros.-Sólo me llevo un año con él de todos modos. Debería estar en segundo año. -comentó sin mayor importancia.

-Sí, pero repetiste el curso antes de haber llegado siquiera a la mitad. Entonces la distancia entre vuestros conocimientos debería ser abismal -el menor apoyó la cabeza sobre el puño cerrado de su mano, que a su vez se sostenía en el codo sobre su mesa.-

Chinen se levantó, dirigiédose directamente a guardar su preciado trabajo, para luego volver junto a su amigo y suspirar de forma larga.- No hace falta ser un genio para estar al nivel de esos idiotas. Sólo hay que verlos. -concluyó, a lo que Ryutaro no puedo evitar soltar una carcajada, que pocos segundos después fue contagiada al mayor, que sonrió negando despacio con la cabeza, ya de mejor humor.- Es sólo que no prestan la más mínima atención. No es tan difícil, pero desde luego lo es mucho menos que te lo haga otro.

-Hum... -asintió entonces su amigo, todavía con pequeños restos de aquella risa momentánea que le había invadido.- Bueno, quizás tengas razón~ ¿Consideras entonces que los únicos trabajos difíciles son los de medicina? ¿O es porque tu hermano está estudiando eso? Podría enterarse de tu ''trabajo'' ¿no?

-Ninguna de ambas. -se dejó caer hacia atrás hasta dar con la pared a su espalda, puesto que se encontraba en la fila que se hallaba pegada a la misma, a la izquierda de la clase.- Puedo ayudar a unos cuantos idiotas a pasar de curso o a salir de un aprieto, pero no seré cómplice de asesinato. Un estudiante de medicina incapaz de pasar de curso será un médico sin conocimiento ninguno, y desde luego no estaré allí para arreglar los desastres por él. ¿Imaginas? Estar delante de un cuerpo medio mutilado y no ser capaz de curarlo porque el kohai de primero me hizo el trabajo de ese ''tema'' en la universidad. Sería patético, además de una negligencia.

Ryutaro tan sólo negó con la cabeza mientras mantenía una sonrisa divertida que por más que hubiera querido no habría podido hacer desvanecer. - Qué duro~  Pero aún sigo pensado que la razón principal es tu hermano. -esta vez sí, volvió a soltar una risita que fue ignorada, junto a su última opinión por su amigo, quien ahora sólo observaba por la ventana como el susodicho se preparaba para su clase de gimnasia junto a sus compañeros. Atendiendo sólo y únicamente a lo que hacía éste en aquel momento.

*            *           *
-¿Has oído la última? -Espetó el mayor de forma repentina, jugando ligeramente con algunos de los rizos de su cabello que caían casi sobre sus ojos, de manera molesta.

-¿Hm? No~ -negó suavemente el menor mientras caminaba, intercalando  un pequeño bostezo que no pudo retener a pesar de hacer caminar a su mano hasta su boca para no ser grosero.

- << Son completamente opuestos, como un ángel y un demonio >>. Eso dicen ahora de vosotros. -resolvió el moreno, dejando ahora su melena de lado para mirar a aquel que caminaba a su lado.- Resulta interesante, ¿no? -rió bajo mientras bostezaba algo más abiertamente que su antecesor, contagiado por éste.

- Bueno. -respondió con simpleza. - Son tonterías, se mire como se mire. Además la gente siempre habla sin fundamentos. -alzó la mano para dirigirla hacia la nuca doliente que tiraba con impaciencia, señal de una mala postura durante una noche en la que poco había podido hacer por dormir, que hizo que un pequeño gemido adolorido saliese por su garganta.- No le encuentro el interés si te soy sincero. -Suspiró entonces, dirigiendo la mirada a su amigo, sabiendo que éste lo estaría esperando con la propia.- No saben nada de nosotros, pero el hecho de que vivamos juntos sin tener el mismo apellido es razón suficiente para ser el tema principal de todas las fantasías de los curiosos.

El mayor de ambos sonrió con suavidad, pasando un brazo por los hombros del otro con cuidado.- Y si son tonterías de unos cuantos curiosos aburridos, ¿por qué dejas que te afecten tanto? No deberían ser más que motas de polvo en vuestro camino, ¿no, Don Nomeimportanadaninadie?

Como si de una llave de algún arte marcial especial se tratase, movió su cuerpo con rapidez y habilidad para soltarse de aquel agarre. Ni siquiera le molestaba, tan sólo lo hacía por molestar un poco a su compañero, tal y como hacía éste en cuanto tenía la oportunidad con él, sonriendo mientras le dedicaba una pequeña sonrisa que apenas duró lo suficiente para ser apreciada por su receptor antes de desaparecer.- Porque no quiero que lleguen hasta él. No son ciertos, ni tienen sentido. ¿A qué viene eso de ángel y demonio? ¿Quién es quién Kei? Piénsalo por un momento. Es mucho más complicado que eso. -una vez más un sopló de aire sonorizado escapó de entre sus labios con aflicción, dejando entrever una mirada alidecaída que se posaba ahora en los pasos que sus pies por inercia propia iban dando en una dirección concreta que su mente ya había automatizado. -En realidad, ¿qué tiene él de demonio? -alzó la mirada para mirarlo, mostrando con su simple mirada un claro sentimiento de sinceridad en sus palabras, que transmitían aquello que verdaderamente estaba en su mente y en su corazón desde un principio.- ¿Qué tiene de malo ser inocente? ¿O caprichoso? ¿O querer seguir siendo el punto de atención? ¿Vivir en las condiciones en las que vivimos, recordando tu realidad, tan triste o solitaria como sea es lo que se considera ser maduro o adulto?... ¿Qué más les da a los demás que quiera seguir siendo como ha sido siempre a pesar de lo que haya ocurrido en el pasado? - una ola de calor recorrió su cuerpo, haciéndole estremecer de forma invisible para cualquier otro, pero suficientemente notoria para sí como para hacerle sentir el impulso de apretar sus puños ligeramente.- ¿Es eso suficiente para llamarle demonio?... O peor aún, para considerarme a mí un ángel...

Atento y discreto, Inoo escuchó cada palabra del menor, desde la primera a la última, torciendo levemente los labios hacia su derecha, sintiendo ahora también él impulso de dejar escapar un pequeño suspiro por su boca, pero no lo hizo. Tan sólo subió la mano hacia sus cabellos, dejando que ésta acariciase su propia nuca, como si de esta forma las palabras adecuadas fueran a venir a su llamada para poder responder de forma correcta a su amigo. Lo entendía. Sabía reconocer ese tipo de sentimientos, pero alguien ajeno, incluso tratándose de él sería incapaz, y lo sabía, de hacer sentir mejor a su amigo.

-Pero eres tú quién se ha hecho cargo después de todo Yuto. Gastos, estudios, sentimientos... Eres tú quien se encarga de mantenerlo todo bajo control entre vosotros en un piso más pequeño que la tiendecita de debajo de mi casa y partiendo tu curso académico para poder trabajar en un turno nocturno. Probablemente el hecho de que seas tú quien ha acoplado su vida de modo que podáis mantener esa estabilidad  sea suficiente para que la gente opine que eres una especie de persona extremadamente bondadosa y bla bla bla... Ya me entiendes.

-¿Y qué?... Fue su familia quién me acogió a mí antes de nada de esto. En cualquier caso sólo estaría devolviendo un viejo favor. ¿Por qué al mundo le encanta meter la nariz en todos lados? Si alguno de estos comentarios llegara a sus oídos... -bajó rostro, mirada y brazos en dirección al suelo, haciendo a sus pies parar de inmediato sobre este, con el ceño fruncido todavía desde la primera vez que en su rostro se había denotado el disgusto.-  Si intentara cambiar o dejase de ser feliz por alguno de esos absurdos rumores...

Esta vez sí, inevitablemente el suspiró salió con reparo por su boca, dando un par de pasos más seguidamente para alcanzar a la persona que durante su paseo había estado precediendolo para posar su mano sobre la espalda alta de este, frotándola con suavidad.

-No es algo que vayas a poder evitar de todos modos. Ya bastante peso llevas sobre tu espalda con tus propios sentimientos como para tratar de cargar con los que podría llegar a tener tu... ''Hermano'' en caso de que los rumores consiguieran afectarle. Estás infravalorando su fortaleza, ¿lo sabes no? -inquirió con suavidad, sin pretensión alguna de ser brusco, tan sólo tratando de mostrar la perspectiva más amplia sobre el asunto.

Por unos largos segundos Yuto sólo acalló, quedando sumido en el infinito océano de sus pensamientos más profundos, en los cuales entraba de forma inevitable cada vez que cierto tema era tratado durante demasiado tiempo. Poco después, suspiró, subiendo la mirada hacia el amplio cielo, cada vez más oscurecido y pretencioso que amenazaba con dejar llegar a la noche antes de darle tiempo de llegar a casa.- Si tú... Lo hubieras visto -despacio, con calma, comenzó.- Si tú hubieras sido quién abrió la puerta esa tarde, quién encontró tras ella a aquel chico encapuchado, mojado... Roto... -respiró hondo, mirando de reojo al mayor.-  me vi a mí mismo en él en ese mismo instante. Si hubieras sido tú quien lo encontró perdido en tu puerta podrías sentir lo que yo siento; el impulso de cogerlo entre tus brazos, protegerlo... Y nunca más dejarlo ir.

Inoo lo miró, entre sorprendido y anonadado. Pareciera que aquellas palabras hubieran sido sacadas de la historia más triste del universo, dignas de Los Grandes como hubieran podido ser Cohelo, o Neruda en sus primeros tiempos, en los que el verso no era todavía lo que de su pluma salía. Tan escalofriante y acogedor que no pudo emitir palabra alguna que a la altura de estas últimas estuviera. Pero tampoco hubo el tiempo puesto que el menor se encargó de proseguir.

-No dejaré que le hagan daño Kei. -su mirada se tornó firme instante tras instante, volviéndola al cielo una vez más.- Para mí él es el ángel, y yo el demonio.

Continuará ;3; Ciao Ciao<3

8 de octubre de 2013

Sashiburi~

El día que te conocí, el cielo estaba nublado. Y, sin embargo, aquel día pude ver el sol más radiante que nunca vería a lo largo de mi vida; tu manera de sonreír.
Tu extraña actitud hacía que me sintiera divertido a cada segundo del día. No importaba si te tenía delante o no, los recuerdos venían a mi mente tan claramente que podía reír toda la tarde entera sin necesidad de tenerte enfrente. Ese era el tipo de sentimiento que despertabas en mí. No importaba en lo más mínimo que fuera un día triste, que algo malo ocurriera, o que no me sintiera bien, en esos días nublados, justo en esos... Era en los que podía sentir el sol brillar más que nunca. Porque tú siempre fuiste tu propio sol.
¿De dónde salió aquel don tuyo? Debe ser que es tuyo por naturaleza; innato. O tal vez es el mío, el de no poder apartar la mirada de ti, así sea desde el mismo cielo, el que te dota a ti del tuyo.

Decir: ''tenía fuego en su interior'' no es suficiente. De tener que describir aquello que ardía en todo tu ser habría dicho que eres el mismísimo Diablo. Carismático, inocente y pasional.

Tu alrededor siempre estaba lleno de gente. Y a pesar de que te seguía hasta el fin del mundo, tardé demasiado en darme cuenta de que tan sólo era una más de todas aquellas personas a las que iluminabas con toda tu esencia. El brillo de tus ojos, la luz de tu risa, tu presencia misma. Siempre, siempre atrayendo a los demás así como la tierra nos atrae a las personas para que no podamos alejarnos de ella. Y sin embargo ahora me pregunto si yo era el único que podía ver más allá de todo aquello.

Tal vez alguna vez te lo dije, ¿puede ser?
Siento que eres como un alto roble. Un roble plantado en medio de un pequeño bosque, donde debe destacar por necesidad, donde es a quien todos consideran el más rudo y fuerte. Un grande e inquebrantable roble ''al que nadie puede herir fácilmente''. Y muy a pesar de ello, un roble tan fuerte, como débil.
¿Habrán pensado en ello los demás? Lo sencillo que es acabar con uno. Hay tantísimas formas de lastimarlo que no podrían contarse. ¿No es eso lo que siempre has sentido? Vulnerabilidad. Y a pesar de ser quemado, cortado, arrastrado o talado, el tronco queda allí plantado. Cada vez más fuerte, cada vez más duro, cada vez más arraigado; cada vez más inseguro. Por más triste y solo que pueda sentirse el roble sigue allí plantado, viviendo. Y sé que es porque en el fondo puede sentir  que no todo ha acabado, cómo no está solo. Cómo nunca lo ha estado. Aunque no lo vea claramente, y tan sólo tenga la mirada fija en su doloroso pasado, sé que en su corazón, es alguna minúscula y esondida parte de él, lejos, muy lejos de su memoria, lo siente.
Es por eso que no importa cuánto sea herido, su sonrisa sigue siendo de ardiente fuego y su mirada tan limpia, tan brillante y tan inocente y clara como la de el primer día. Así sea la sonrisa o la mirada más triste y perdida del mundo; hay alguien a quien siempre ilumina con su fuego.

Pero tal vez... Sólo tal vez... Un demonio necesite de un ángel para verlo.

Jamás por mi mente pasó la idea de ser alguien especial, alguien a quien necesitaras, o esa persona, esa ''que te necesita más que nadie''. Hasta hoy nunca pensé que así fuera. No lo creo tampoco ahora.
Y es que no te necesito; tan sólo te amo.

Cada vez conformándose con menos. Cada vez, un poco más; muriendo. Así es como lenta y cuidadosamente fui perdiendo la luz y el calor de tu fuego, hasta estar lo suficientemente lejos, y muerto, como para poder cuidar de ti desde el cielo. Desde donde no me ves. Desde donde sólo yo puedo vigilar tus pasos. Desde donde estés donde estés, siempre, cada día de mi vida, te seguiré amando en silencio.
Con todos los errores que oculta el pasado. Con todo el dolor, con las heridas que nunca más sanaran, de ambos. A pesar de todo, seguiré viviendo. Sólo por si un día giras la vista hacia arriba. Sólo por si un día miras al cielo, nublado, y puedo iluminarlo para ti.
Sólo por esperar el regreso de un demonio que volvió al infierno soy capaz de vivir.
Ángel idiota. ¿Acaso alguien dijo que fueras un ángel?

24 de septiembre de 2013

Mi vida sin ti... Capitulo Final~

Capitulo 19: Perdóname... Mika

Cada día desde que desapareció las horas pasan más y más lentas. Mi mundo está empezando a volverse extraño, el tiempo está volviendo a pararse. Cada vez más me pregunto la razón de estar buscándole. Está pasándome lo mismo, todo es igual… Por mi culpa nuevamente alguien que despertaba sentimientos en mí ha desaparecido de la noche a la mañana y no importa cuánto busque, no logro hallar el lugar al que ha huido. Además  tampoco sé qué debería hacer si lo encontrara. No voy a disculparme… Al menos eso creo. Ya no sé de qué soy capaz o no con esta persona. Es tan frustrante que no llego a comprenderlo. Nuevamente un suspiró se hizo paso entre mis labios. Como cada mañana mi estúpido cuerpo se había levantado e, ignorando el camino habitual que desde hacía años había aprendido a tomar por inercia para dirigirse a clase, desde hacía más de un mes sólo sabía tomar una dirección. La ronda de cada mañana. El puente, la nave, su casa, mi casa. Y en ningún lugar estaba. Ni siquiera esperaba encontrarle. Se había marchado, odiándome, y probablemente jamás volvería a ver su rostro. Maldita sea… ¿Por qué siento agujas atravesarme el cuerpo? Ya te perdí a ti antes Mika, debería estar acostumbrado.
Sólo podía arrastrar mis pies como de costumbre, mirando fijamente hacia cada paso que daba en el suelo, como si pudiera ver mi huella marcada en él, avanzando entre la penumbra de las calles, aún grises por la tempranía, y mis pensamientos.

-Ah, lo siento… -giré un poco el cuerpo, alzando la vista con rapidez. Sin siquiera darme cuenta había chocado con aquel chico joven, que se dirigía Dios sabe donde en dirección contraria. Ni siquiera distinguí su rostro. Hacía años que no me disculpaba por tal tontería, sólo le había dado con el brazo por no ir atento. Ah… ¿Cuándo me empecé a ser de esta manera? No podía salir de mis pensamientos, no podía más que de nuevo mover mi pie inerte hacia delante para dar un paso más aunque esta vez algo me lo impidió. Fruncí el ceño dispuesto a intentar nuevamente caminar pero otra vez mi mano me impidió el paso. – Oye, ¿te importa soltarme? No estoy por la labor de aguantar estupideces. –me giré esta vez algo más cabreado, ya tenía bastante con lo mío como para que un idiota aburrido intentase divertirse un rato conmigo- Ya he dicho que lo…-mis facciones se convirtieron en cuestión de segundos en unas nuevas, expresiones justas de sorpresa. Ahora ni siquiera en mi mente aparecían las palabras.

- ¿Tan guapo soy que te dejo sin palabras? Inoo estúpido, ¿eres incapaz de reconocerme por la calle sólo porque pase un mes fuera? Tch.

Espera un segundo ¿qué?... Miré atentamente a la cara de aquel chico, ahora para mí irreconocible. No sabía qué era lo que había cambiado, pero había tantas cosas distintas en ella ahora… Buscaba con agobio un reloj, una señal, algo que me hiciera comprender lo que estaba pasando. ¿Un sueño? ¿Un retroceso en el tiempo?... ¿Qué?

-Oye, ¿vas a quedarte ahí mirándome con cara de lelo todo el día? ¿O es que mi verdadera personalidad ya no te gus… -pude ver como retrocedía, pero no sabía muy bien por qué hasta que puede observar mi propia mano acercarse a su rostro. No me importaba nada, no lo entendía, no quería entenderlo. ¿Era un sueño? Qué más daba, si no sabía mis verdaderos sentimientos ¿qué importaba? Tenía que comprobar que estaba allí. Tenía que saber si la razón por la que mi corazón estaba acelerándose de aquella forma era porque él había vuelto. Acaricié aquel rostro singular en apenas un roce hasta salir de mi trance. Pero esta vez ni siquiera reaccioné bruscamente. Por una vez, estaba empezando a comprenderme a mí mismo. Jamás había sentido un alivio tal como el que sentí en ese mismo instante. Estaba aquí. Aquí mismo, frente a mí. Lo encontré, Mika. Él vino a por mí. De algún modo, todo estaba bien si el novato idiota había vuelto, todos los pensamientos de hacía sólo segundos se habían desvanecido ¿cómo explicarlo? Todas mis teorías, mis lógicas, mi mundo entero… Todo se desvanecía ahora que me habían devuelto al pequeño idiota. Nada más podía decir. Me sentí tan satisfecho que antes de darme cuenta mi rostro, una vez más a traición, sonreía de mi parte. Aquí estaba. La lucha vencida a un 51% de sinceridad contra la cobardía. Ahora lo entendía… Mika… ¿Cuándo se había vuelto esta persona tan importante para mí? ¿Desde cuando era imprescindible esa paz que sentía cuando estaba cerca? ¿Cuándo empecé a sentir que su presencia hacía desbordarse mis sentimientos? Ahora lo veo con claridad; la razón por la cual este chico era tan importante para ti. Ahora veo con claridad… En lo que se ha convertido para mí.  -Deja de tocarme tan confiadamente…- Apartó mi mano, con energía pero no por ello bruscamente, girando el rostro hacia el este, de modo que ahora la luz resbalaba por su pómulo, dibujando de esta manera diferentes sombras y tonos que delineaban los límites desde su mejilla hasta sus labios. - ¿A qué viene esa cara?... Pareces estúpido… -Durante un par de eternos segundos acalló pausadamente. Algo dentro de mí me decía que tan sólo debía esperar, dejar que dijera aquello que había venido a decir. Acerté. – No he venido hasta aquí por ti… Sino por mí. –frunció un poco los labios- Una vez más por mí mismo… Desde el principio siempre fue por mí…-mis ojos se movieron con lentitud hacia la comisura de sus cavidades, observando como suavemente su mano me soltaba el brazo para continuar hablando.- Empecé toda esta historia tras la excusa de vengar a Mika… Pero a pesar de ello ya no sirve de nada mentirme. Ya no me hace sentir satisfecho, ya no puedo seguir conformándome con eso. –suspiró.- La realidad es cruda ¿hum?  Ma… Supongo que sí, pero tarde o temprano sabía que tendría que aceptarla… Por eso estoy aquí.
Cuando perdí a Mika, todo el rencor, los celos, la ira, y la frustración que acumulaba tras mis fracasos hizo que una enorme bola de odio se apoderase de mí. Desde el principio sabía que todo ese odio… No era más que odio hacia mí mismo pero, si tenía que reconocerlo, si tenía que aceptar que los celos, los fracasos, las frustraciones…. Eran sólo problema mío el mundo perdía todo su sentido y tan sólo sentía ganas de desaparecer… Pero con Mika era distinto… Con Mika todos aquellos sentimientos desaparecían gradualmente hasta el punto en que conseguía ser sincero conmigo mismo y con los demás siempre que estuviera a mi lado. Era capaz de enfrentarme a pequeñas cosas sin importancia pero que al fin y al cabo daban el poco sentido que tenía mi vida cuando estaba a su lado. Eso era todo…No necesitaba más, con él a mi lado era suficiente… Alguien a quien no le importase cuán malo, torpe o fracasado pudiera ser estaba a mi lado, me sonreía cada día, se sentía orgulloso de mí a pesar de mis defectos… Y de pronto un día…Ya no estaba… -volvió a pausarse, en lo que pareció un intento por calmar su cuerpo, tan tenso como las cuerdas de un violín recién afinado. Respiró hondo.- Aquel día… Aquella enorme…bola, o lo que fuera aquello… Todos aquellos sentimientos agobiantes que me ahogaban comenzaron a volver triplicados, clavándose en mí como puras estacas de acero a fuego vivo… Yo… Tenía que culpar a alguien… Tenía que encontrar la manera de… Deshacerme de todo aquello costase lo que costase y tú… Estabas allí. Simplemente estabas allí donde yo no estaba. –volvió a callar. Esta vez no estaba seguro de si volvería a oír su quebrantada voz o no en los siguientes segundos, pero algo dentro de mí se estaba revolviendo cada vez con mayor intensidad. Un impulso estaba creciendo y creciendo sin que pudiera pararlo pero ni siquiera era capaz de saber para qué se estaba preparando mi cuerpo.- Cuando te conocí…Cuando te conocí y-yo…-abrí los ojos en demasía. ¿Estaba…llorando?... –Sentí más y más rabia porque cuanto más expresiones veía de ti más enfadado me sentía… Sabía toda la teoría, todos los movimientos, toda tu vida y sin embargo me di cuenta el primer día de que no conocía absolutamente nada de ti… ¿Por qué?... ¿Por qué tenía que volverse divertido? Se suponía que me mantendría frío, que todo estaba calculado, que caerías ante mis pies más tarde o más temprano si sólo me comportaba como alguien fácil de querer, inocente; una máscara perfecta que conseguiría hacer que confiaras en mí mientras me mantenía al margen, a salvo de cualquier tipo de sentimiento…. No tendría que haber existido ningún tipo de emociones pero tú… Un estúpido idiota como tú tenías aquella expresión tan entristecida… Tan herida que ¡maldita sea¡ ¿Cómo iba a evitar sentirme conmovido?... Cuando una pequeña sonrisa aparecía, cuando aceptabas ir a algún lugar, cuando me seguías en silencio… Prestando atención a mi presencia como si poco a poco estuviera comenzando a abrirme paso en tu vida, cada vez que con extrema lentitud tu expresión cambiaba un ápice de aquella tristeza yo…-sollozó despacio, apretando uno de sus puños.- no podía evitar sentir dolor en mi corazón… Sentía punzadas en el pecho hasta que sin darme cuenta mis planes se vinieron abajo por completo… Por qué Mika… Ya no era la persona más importante para mí...-pasé saliva sintiendo como mi corazón paraba durante unos segundos antes de comenzar a latir con extrema fuerza y velocidad repentinamente, llegando a ser hasta doloroso por un momento.- Incluso ahora… Las siento… -alzó la mano para recoger las pequeñas gotas de agua que caían por su rostro en pro de la ley gravitatoria, esta vez sí moviendo sus pies con lentitud un paso más lejos de mi posición, a la vez que su pequeño cuerpo comenzaba un movimiento cuyo fin sería, en algún momento, darme la espalda. La persona que tenía delante… Aún ahora estaba completamente equivocada. El Arioka Daiki que ahora podía ver a través de mis ojos no era el que conocí aquel día junto a mi pupitre, así como no era el que descubrí culpándome de todo lo ocurrido en el pasado. Era justo esas dos mismas personas… Un inocente, torpe y débil chico herido cuya vida había sido lo suficientemente dolorosa como para hacer despertar su fuerte determinación y voluntad. Una persona capaz de llegar hasta la cúspide de sus sentimientos y de luchar por ellos, en cualquier sentido. Una persona… A la que no podía dejar marchar ahora. Un nuevo paso le alejó pocos centímetros más de mi cuerpo en apenas un par de segundos, mi ansiedad aumentaba. No podía seguir parado, tenía que reaccionar, no podía seguir dejando que la felicidad, la paz, escapara de sus manos de aquella manera. ‘’Despierta Kei’’ ‘’Despierta’’…. ‘’¡Despierta!’’…


Antes siquiera de darme cuenta mis labios ya se habían puesto en contacto con los suyos. Tan sencillo como eso. Ese era mi gran impulso. En algún momento de los 4 minutos anteriores, mis rodillas se habían flexionado de modo que mis piernas realizaran el movimiento de caminar en dirección directa al menor, instante en que mi brazo, con el fin de lograr que mi mano alcanzar la extremidad superior de la persona que se encontraba apenas a unos milímetros de mí, se alargó para tomarlo repentina pero no bruscamente de la misma. Mis ojos se cerraron antes de poder llegar a ver su reacción y en mis oídos sólo podía oír retumbar fuertemente los rápidos y agitados latidos de mi corazón. Jamás llegué a comprender el lugar del cual saqué lo necesario para dar aquel paso de gigante, pero allí estaba, rozando la suave piel de un pequeño idiota que un día se cruzó en mi vida y que, de un modo u otro, había llegado a ella para cambiarla en un sentido de 360º. - Si quieres seguir odiándome hasta el último segundo de tu vida… Adelante, te está permitido… -reí despacio, como si estuviera algo ido.- Ahora todo se ve claramente…

-¿A-ah…-repetí esta misma acción, dejando un nuevo beso en el mismo lugar atendiendo esta vez al extraño rostro que se encontraba frente al mío, pero después de todo, no parecía tan molesto como sorprendido tras aquel leve sonrojo que hacía desprender algo de calor desde sus pómulos.

- He estado buscándote durante mucho tiempo, pequeño idiota… Y no estoy dispuesto a dejarte ir de nuevo. –miré fijamente a sus profundos ojos, iluminado por la claridad del presente que tanto había estado evitando. – Esta vez, todo va a empezar de cero. -Mika, la persona que tengo ante mí es tan abstracta y complicada como yo, pero esta vez no voy a huir. Nunca más. Nunca más, Mika… Ahora ya estoy despierto, y a partir de ahora no volveré a perder el valioso tiempo que me diste. Ahora entiendo el sentido de vivir una vida en la cual yo no estás. Vivir a pesar de que te hayas ido no significa ‘’fin’’… Sólo ‘’empezar de nuevo’’. Voy a mostrárselo Mika. Cueste lo que cueste, voy a mostrarle lo que siento. Voy a mostrarle lo que veo.

Abre los ojos y mira~  Esta es, ahora, mi vida sin ti.


Mi vida sin ti… Fin

Antes que nada quería agradecer a todos/as mis seguidores/as >_____< Mil gracias. Vosootros sois los que habéis hecho posible que termine esta inacabable y pesada historia(?) D: Muchas gracias por todo el apoyo de verdad... Sé que he tardado años luz en terminar algo que en realidad no es tan genial -no lo es en lo absoluto x"""D triste- pero para mí ha sido una labor de gran esfuerzo. No se me da demasiado bien esto de los fics pero me he esforzado al máximo, ojalá hayáis podido disfrutarlo, eso realmente me haría estar feliz ~ Así que gracias por leerlo, a lo que hayáis tenido la paciencia para seguirme hasta el final.
Por cierto, ¿pensáis que este final ha sido muy como ''¿ya?''? Quiero decir, tengo la intensa sensación de que ha terminado muy repentinamente x"D Ojalá no sea demasiado decepcionante... ¡Espero mejorar de ahora en adelante!

Quería además dedicarle este último capítulo a mi querida esposa Mabel. Ella es alguien muy importante para mí, aunque no pasemos demasiado tiempo juntas. Porque siento que está ahí si la necesito y eso no es algo que se sienta con tanta facilidad. Alguien capaz de simplemente escuchar y comprender tus sentimientos es alguien a quien atesorar, así que desde mi corazoncito: Gracias por todo Mabelcita, te quiero muuuuucho D/: Quédate siempre cerquita ¿eh?
Y hazme muchos NakaChis y muchos HikaJimas(?) xD
Gracias por dejarme ser parte de tus amistades >< 
Aishiteru ♥ 



Gracias por todo

19 de abril de 2013

Mi vida sin ti... Capítulo 18: Sonrisa de Payaso.


Capitulo 18: Sonrisa de Payaso.

¿Cuándo fue? No lo recuerdo. ¿Cuándo fue la última vez que sentí esta sensación?
Si le pregunto a mi cerebro me responde que hace años. Utiliza el lóbulo temporal que se ocupa de guardar cada segundo de mi vida y me transporta a un tiempo en que sólo tú y yo podíamos existir. Si le pregunto a mi cabeza sé la respuesta que obtendré puesto que me ha llevado años forzar el muro que la protege. Ese muro inquebrantable que nadie podía atravesar, tras el cual el tiempo había quedado paralizado en el mismo instante en que te perdí. Sí, esa es la respuesta que trato de mantener viva. Sin embargo sigue pasando el tiempo, y como me pediste trato de buscar al idiota al que una vez llamaste amigo. O quizá no. Quizá no trato de cumplir tu promesa. Quizá soy más egoísta que eso. ¿Qué pensarías tú, Mika?  ¿Cuáles serian tus palabras de estar aquí?
Tal vez tú te desharías de la venda de mis ojos y me harías alguien capaz de volver a ser sincero. Sinceridad... Cobardía. ¿Cuál de las dos ocupa más lugar en mí? Tal vez haya una lucha al 50%. No lo sé, no me importa. Pero sí hay algo que me hace sentir inquieto y que no me deja descansar por las noches, ¿cuál de esas dos partes es la que me empuja a seguir buscando? ¿Será la cobardía? Ella podría hacerme mover mis pies como lo he hecho hasta ahora; sin necesidad de sentir más allá de lo necesario, sin necesidad de un alma que mueva el cuerpo cual robot a los servicios de una mente programada para huir del mundo que le rodea. ¿Es eso? Me pregunto si será eso. Sin embargo una parte de mí se encoge al pensar en estos últimos meses. Una parte de mí no consigue encontrar la lógica a este juego.
Esa persona a la que busco por encargo tuyo me odia. Desde el fondo de su corazón me odia. Y a pesar de eso me llevó a aquel lugar y me contó su historia. ¿Puede alguien ser tan frío y calculador? ¿Puede alguien que ha venido hasta aquí sólo para vengarte ser ese tipo de personas? Ye entonces la presión sube hasta mi pecho, y mi estómago comienza a retorcerse. ¿Por qué me importa tanto saberlo? ¿Por qué siento ganas de encontrarle? ¿Por qué necesito una explicación?
Tal vez porque si le pregunto a mi corazón y la sinceridad vence aún con un 51% mi muro será destruido  Tal vez porque sin darme cuenta ese pequeño idiota que ha venido a vengarse de mí a odiarme, ha estado abriendo pequeñas brechas en él, dejando que entrara la luz más allá de las paredes, trayendo los minutos, los segundos y las horas de nuevo hasta más allá de mi coraza. Tal vez porque si le pregunto a mi corazón me responda que la última vez que sentí felicidad fue el día en que vi sonreír por primera vez al estúpido novato cabezota que aguantó todos los golpes que el mundo le echara encima por mantener una conversación conmigo.
Si por una vez dejo vencer a mi corazón ante mi mente sé que seré herido de nuevo. Me pregunto, Mika, si vale la pena.

***

Suspiré con desdén, mirando hacia el amplio y sinfín cielo azul que cubría todo cuando llenaba mi vista. Un mes desde que desaparecí. Un mes sin dar señales de vida. Miré mis manos durante unos segundos. Seguí allí. ¿Cuán fuerte había golpeado a ese idiota como para todavía tener la marca?

-¿Una pelea? Debe doler~ -Giré la vista de inmediato. No sabía quién era, no me importaba. Ni siquiera presté atención alguna a su rostro, sería mejor ignorarlo. Sí, definitivamente eso es lo que haría.

-No demasiado. - Abrí los ojos en demasía. ¡¿Por qué había contestado?! Su boca le había traicionado, ahora había iniciado una molesta conversación que no venía a cuento con un extraño al que no conocía de nada. Suspiré molesto. De todos modos no la dejaría ir muy lejos.

-Me refería al sentimiento de culpa que se te está clavando dentro. -giré la vista de nuevo. ¿Quién era esa persona? No la había visto antes, estaba seguro de ello, no obstante... Tenía un aire tan familiar. Quizá por eso no había podido ignorarle. Fruncí el ceño confuso y molesto y me dispuse a abrir la boca para contestar con una clara y rotunda negación que zanjara el tema, pero ni siquiera me dio tiempo a hacer llegar el aire hasta mis cuerdas vocales.- No importa cuentas veces me lo niegues. Te creeré, pero tú no lo harás. No vas a creerte a ti mismo por más que pase el tiempo y lo niegues 100 veces cada día~ -Cerré de apoco la boca, ahora un poco más molesto que antes, incluso frustrado por sus palabras.

-¿Qué sabes tú de mí? Si te aburres ve a comprarte un cerebro.

-¿Ah~? ¿Pero qué tipo de respuesta es esa? Mh~ No tienes cara de tener ese mal carácter, ¿por qué no eres sincero contigo mismo? Tú cara es un poema, sólo se necesita un buen juglar que lo recite para comprenderlo. Y por cierto, ¿no lo sabes? Los buenos cerebros no abundan por aquí, tal vez si tratas de encontrar uno en Marte...

Solté una pequeña risa que salió sin esperarlo de mi boca. Ni siquiera me di cuenta de ello en el momento. De algún modo mi cuerpo estaba cansado. Cansado de fingir, cansado de ser serio y estar tenso, cansado de llevar peso. Todo yo estaba agotado... Agotado de estar enfadado con el mundo.- ¿Has estudiado para payaso o tu chispa venía de serie? - vi su sonrisa asomarse por su comisura derecha, gesto tras el cual vino a sentarse junto a mí.

-Bueno, algunos me llaman idiota~ Otros payaso, otros tío bueno, y otros Hikaru. Aunque según pasan los años empiezo a preferir ese último nombre. Entre tú y yo -se acercó a mi oreja pero sin bajar el tono de voz simple y enérgico en que se dirigía a mí- Es el que mejor me queda -se apartó despacio, mirándome con extraña y envidiable satisfacción.

-Ya... Hikaru, ¿eh? Se diría que vives en el mundo de la felicidad. Probablemente tu vida sea muy fácil, pero déjame que te cuente una cosa -lo miré a los ojos- el mundo real o das o te dan. Así que deberías empezar a prepararte para recibir unas cuentas.

Me miró durante unos segundos. Aquella persona no dejaba de sonreír. Me pregunto por qué lo haría. Por qué mantener aquella enigmática sonrisa cínica. Miró ahora al frente e inspiró. - Vida fácil, vida difícil... ¿Qué las diferencia? Piensa en ello. ¿No existen cientos de perspectivas para cada mínima cosa? En el mundo en el que vivimos la vida fácil -me miró de forma penetrante y hasta escalofriante durante varios segundos seguidos, dejándome inmóvil- ¿qué es lo fácil? ¿qué es lo bueno y qué lo malo?
¿Tienes tú la respuesta?

Me quedé perplejo durante varios segundos. ¿Qué...? ¿Qué tipo de pregunta era esa y, a qué venia? Todo aquello no estaba haciendo más que confundirme. Ya no sabía ni la razón por la que estaba hablando con aquel tipo ni el momento en el que habían llegado a aquella parte de la conversación. Pero de nuevo él sonrió. Apacible mente, con calma.

- La persona que recibió el golpe. -miró nuevamente hacia el cielo- Probablemente creas que lo mereció ¿no es cierto? Probablemente creas que es la culpable de tu dolor. Probablemente te hizo ver más allá de tus narices, al mundo real, a la verdad escondida dentro de ti. ¿Es así~? Cuando algo nos duele es porque algo guardamos en nuestro alma. Cuando algo nos irrita es porque las personas servimos de reflejo de nosotros mismos. Cuando una herida no sana -miró mi mano- es porque nuestro corazón no quiere que olvidemos que debemos perdonar aquello que lo causó. -se revolvió los cabellos. Un pelo color ceniza raramente visto y realmente curioso. Me habría gustado saber si tenía alguna razón de ser, pero probablemente nunca llegaría a tener consciencia de ello.- Dime una cosa. ¿Dañar a esa persona te hizo sentir mejor? ¿Más aliviado o satisfecho, tal vez?

-... -Mantuve el silencio. No sabía o, más bien, no quería tener la respuesta a esa pregunta.

-Bien, y sin embargo, antes de eso, en alguno de tus recuerdos con esa persona, ¿alguna vez te sentiste así?

- Qué idiotez, claro que...no...-bajé la voz con lentitud. Sin ser consciente de ello mi mente volvía a traicionarme. Todos los recuerdos de los últimos meses y todos los recuerdos de tantos años atrás se mezclaban en un confuso mar de dudas que invadía mi mente. No quería verlo. No quería saberlo. No quería reconocerlo. No podía... Pero debía admitir que si en algún momento su fingida sonrisa pudo traicionarle para hacer uso de sus verdaderos sentimientos, tuvo lugar en los momentos que había pasado con aquel pelinegro alto, aletargado que con sus estúpidos gestos particulares había conseguido hacerle sentir calidez en su interior. Mil veces ser había encargado de cubrirla con su ira de nuevo para mantener su cabeza fría pero ¿y ahora? Después de todo él no era el verdadero culpable y ya lo sabía... En los informes pudo ver pruebas de ello pero se negó a atender a la realidad, quería un culpable, quería que le devolvieran a Mika porque... Sabía que en realidad se lo habían arrebatado mucho antes de que muriera por más que quisiera negárselo a sí mismo. El payaso tenía razón. Durante todo este tiempo lo había sabido. Sabía la verdad en su interior y no había querido verla por puro egoísmo y rencor. Tenía razón. En este mundo ¿quién decide quién es o no el culpable? Ahora lo entendía. Nosotros. Nosotros decidimos absolutamente todo.

Alcé la vista para observar al muchacho que ahora ya se encontraba en pie y antes de darme cuenta su sonrisa se había desvanecido, dejando la mirada que antes parecía estar acorde con su sonrisa ahora ser compañera de su expresión de soledad. Una mirada que no había cambiado ni un ápice y que pasara lo que pasara escondía los sentimientos, fueran los que fueran que habían tras ella. Me levanté y me acerqué hasta él.- Arioka. Arioka Daiki. Y entre tú y yo... A mí el mío me queda mejor. -sonreí por primera vez desde hacía mucho tiempo con sincera satisfacción y ante su sonrisa ladina retomé mi camino. Esta vez no pensaba huir. ¿Qué haría? Quién sabe, pero una cosa sí sabía. Sabía dónde iba..

Continuará…


Hola a todos >< Perdón por tardar tanto siempre y por hacer esperar, es que las cosas no me son muy fáciles y :/ Pero bueno, seguiré intentando ir subiendo sin que pase un año por medio. Ya casi puedo seguir con mis otros dos fics aún sueltos. Ah~ tengo tantas cosas que contar aún ;_; 
En especial este capítulo ya cerca del final quería dedicarselo a unas personas. Primero a mi queridísima esposa Mabel a la que adoro y que me sigue siempre hasta el fin del mundo(? Ok no ;3; Pero sí ha estado ahí cuando la necesito y para mí es muy especial mi esposa -3-<3
A continuación no puedo dejar de nombrar a Ariaddne krv, gracias a la insistencia de la cual no me rindo -w-<3 
Y también quería agradecer a Erza Dragneel todos sus comentarios. Tenemos por regla constestar pero si apenas podemos hacer contis podéis imaginar para lo demás D: Pero estamos realmente agradecidas, de veras ¡es genial cuando tus sentimientos llegan a alguien a través de algo que haces! Así que en general agradezco de corazón a toda la gente que sigue leyendo mis fics a pesar de la tardanza. Muchas gracias, espero no decepcionaros~ 
Ah, perdón, casi lo olvido D: Este capítulo es un poco desconcertante lo sé, pero he intentado que se viera la diferencia. Para quienes no lo hayáis notado la cosa es que la primera parte es narrada por Inoo y la segunda por Daiki.